Artículo literario sobre medioambiente

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El viejo colchón de espuma

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10/04/09.- Un amigo mío, nacido en La Cepeda como yo, y cuyo nombre no viene al caso, me contó indignado la historia de un viejo colchón de espuma. Me decía, con cierto nerviosismo, que aprovechando una breve estancia de su madre en el hospital de León, decidió hacer algunas mejoras en la casa; pintó una habitación necesitada, barnizó unas puertas resecas y, también, cambió un viejo colchón de espuma por otro más anatómico que, sin duda, aliviaría la espalda y los débiles huesos de su madre. Con la paciencia acostumbrada, enrolló el viejo colchón y lo ató de tal forma que, haciéndose más manejable, lo metió en el maletero de su coche. Como quiera que debía hacer varios recados en Astorga, quiso echarlo en el “punto limpio” de esa ciudad, lugar siempre más apropiado que los contenedores de basura usuales. La sorpresa fue que no se lo dejaron tirar, aduciendo que no era de Astorga, que no estaba empadronado.

Mientras me relataba estos hechos, traté de contener y atenuar la justa frustración de mi amigo, y aunque no se lo hice saber en ese momento dada su debilidad anímica, también se disparó mi aversión hacia las normas de esa ciudad que discriminan por lugar de residencia. La razón me obligaba a convencer a mi amigo de que hay que respetar las normas municipales, pero, paralelamente, la pasión contenida me alentaba para decirle que arrojara el colchón al río, de todas formas iría a parar a Astorga, quizá a otro “punto menos limpio”.

La basura es basura, allá donde se genere y mejor recogida que esparcida.

Lo contradictorio es que cuando compras un colchón, nadie te pregunta en que Ayuntamiento tienes la cama.

Entre el “empadronamiento” en Astorga y el “encabronamiento” con Astorga, no hay mucha diferencia.

Esteban Carrera García
Sueros de Cepeda (León)

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