Revista de prensa


Foto Diario de León. En la imagen, los escritores Ricardo Magaz (izquierda) y Nacho Tombarros (derecha)

sostienen la enseña leonesa en el salón plenario de la ONU en Nueva York


Reproducimos el artículo de Ricardo Magaz, publicado hoy en el suplemento literario dominical del Diario de León, donde se abordan aspectos del comportamiento humano en el ejercicio codicioso del poder político.

RECUERDA QUE ERES HOMBRE


“Recuerda que eres hombre; recuerda que eres mortal”. Aseguran los cronistas de la época que era costumbre admitida que un esclavo le musitara estas palabras amonestadoras al oído del glorioso césar o general que, subido a la cuádriga, entraba triunfante con sus legiones invictas en la metrópoli romana mientras el sirviente sujetaba erguido la corona de laurel sobre la cabeza del héroe aclamado por las masas enfervorecidas del imperio. Lo que no revelan los clásicos tan claramente es si tras el baño de multitudes, el encumbrado se tomaba en serio el consejo del cautivo o, por el contrario, lo festejaba con bacanales y excentricidades propias de aquellas calendas. Con el poder infinito hasta un necio era y es capaz de gobernar sin dilemas. Sólo hay que echarle un vistazo súbito a la historia.


“Nada saludable esperes de persona extremadamente ambiciosa o con el estómago vacío”.

La tendencia natural del género humano al abuso ha sido una constante desde su aparición misma sobre la corteza terrestre. Se afirma que el poder tiende a corromper y que el poder absoluto corrompe absolutamente. Mi teoría, sin embargo, es mucho más escueta y deplorable: llegado el caso, el poder no es el que corrompe, sino el que desenmascara. Nada saludable se puede esperar de una persona extremadamente ambiciosa o con el estómago vacío. La avidez y la venganza, por definición, siempre tienen hambre, siempre; nunca se agotan.


¿Qué ha podido cambiar hoy en el ejercicio del poder con respecto a otros tiempos? Apenas las formas y poco más. Cierto es que el respeto a la vida goza de mayor compromiso, pero no es menos cierto que conductas delirantes y megalómanas siguen existiendo entre la clase dominante. No hace falta irse a Oriente Medio, a los Balcanes o al continente africano para encontrar individuos que se creen tocados por la mano caprichosa del destino. En España sufrimos una notable lista de hombres públicos cuyo ego roza el piloto rojo del frenesí y del diván terapéutico. Tenemos un país con imperecederos “depositarios” aguardando agazapados su minuto de oro. Y lo peor es que acaso los fanatismos que más debemos temer son los que pueden confundirse con la tolerancia encubierta. La codicia inagotable es el escombro de la gloria mal entendida.


“Designar a tu propio sucesor en el cargo”

Comportamientos autocráticos como designar a tu propio sucesor en el cargo o creer que tus actos únicamente pueden ser juzgados por la historia o por los mismos dioses de la bóveda celeste también se dan en sistemas democráticos. Ejemplos abundan. Todavía es posible incorporarse, o que te incorporen sin grandes contrariedades, al carro belicista de guerras extrañas e impropias como en tiempos hacían los señores feudales con sus mesnadas. Los mesías de los nacionalismos excluyentes transitan indemnes por esa misma senda donde el fin pretende justificar los medios. Cuanto mayor es el mandato, mayor suele ser la iniquidad.


En la década pasada se le concedió a Samuel Ruiz, obispo mejicano de Chiapas, el premio Derechos Humanos, otorgado por la influyente Asociación Pro-Derechos Humanos de España. El acto solemne se celebró en un hotel de Madrid. El prelado acudió con varios colaboradores de la diócesis azteca, incluido su joven vicario español. Se respiraba teología de la liberación por los cuatro puntos cardinales de aquellos salones con aire renacentista. En un momento de la ceremonia alguien nos presentó. Después de saludarle le felicité por el merecido galardón. “Me han dicho que usted forma parte del jurado que me ha premiado y que escribe novelas policíacas…”, me dijo con un tono directo pero cordial. El comentario me sorprendió por lo inesperado y, de alguna manera, me sentí en la obligación de explicarle pormenores del género negro literario y criminológico de nuestro país. Luego nos aproximamos con los invitados a la mesa del tentempié donde aprovechó para pedirnos que le mandáramos periódicos y revistas a través de la secretaría de prensa. Por amigos comunes supe posteriormente que un grupo de policías uniformados, al frente de un comisario político local, intentaron matarle a tiros mientras oficiaba una misa en la catedral de San Cristóbal de las Casas, en el estado de Chiapas. Salvó milagrosamente la vida arrojándose al suelo.


Pasaron algunos años y un día de mediados de junio me llamaron de la oficina; había llegado un mensaje poco usual. El texto decía: “Estimados señores, les felicito por la candidatura al Parlamento Europeo. Simplemente recuerden que son hombres y que se recoge lo sembrado. Les deseo lo mejor. Firmado, Samuel Ruiz”. No miento si afirmo que hasta la fecha es una de las mayores lecciones de humildad que tengo atesoradas en la memoria. De las mayores. Memento home es; memento mori es.


Ricardo Magaz


Artículo extraído de http://www.diariodeleon.es/noticias/noticia.asp?pkid=524778


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