Tribuna de Máximo Soto Calvo


TRIBUNA DE MÁXIMO SOTO SOBRE LA CONCENTRACIÓN EN LA PLAZA DE BOTINES

Nada que en León bulla de nuevo, puede crear más inquietud en el ente autonómico que la unión de leonesistas; teniendo en cuenta que en ella se puede cimentar la revitalización de un sentimiento, tal como apuntan las crónicas que sucedió, al tiempo que, en León capital, se tomaban doce uvas, enlazadas a propósito por el retardo de la desesperanza. Máxime, si como también se dijo, portaba cada una de ellas un deseo, y en su conjunto, en esta ocasión, un inicio de restauración leonesista socio-política para el 2012. Es pues, sin duda, el peor regalo de Reyes que se le ha podido dedicar al poder autonomista que nos atenaza.

Peligrosamente, en el común de la ciudadanía leonesa, se está instalando la abstracción del dañino influjo de la Comunidad que nos ha englobado. Que viene a ser algo así como un muy nocivo adormecimiento, por cansancio e impotencia, de la conciencia firme de tener que defender los propios valores que, siéndonos inherentes como pueblo, sufren bajo el embozo de lo castellanoleonés impuesto.

Una cosa es caminar en comunidad leoneses y castellanos, y otra muy distinta que las instituciones autonómicas, con la tolerancia de «los nuestros», no cesen en el intento de hacernos castellanoleoneses, en detrimento de nuestra diferenciada personalidad leonesa. Para ello tienen los autonomistas la soberbia del poder.

El citado empeño unificador [de Castilla y León] lo sustentan con el dinero de todos, ¡incluso el leonés!, empleando una muy buena parte en un arma letal: la Fundación Villalar, que bajo el epígrafe de lo cultural nos asfixia lo leonés. Obsérvese cómo su programación, exposiciones por ejemplo, siempre soporta un mensaje subliminal.

El señor Calonge, su nuevo director, continúa la labor bajo el inocente disfraz cultural, y dice que «en su proyecto está dar a conocer esa entidad que tiene como objetivo fomentar la conciencia de comunidad». Nada sería reprochable, si no subyaciera en los prolegómenos, y descaradamente se mostrara ahora, el empecinamiento de construir con postulados unitaritas un pueblo y un sentimiento, para una forzada comunidad.

Al término leonesismo, no faltan quienes, entre nosotros, le tienen cierta prevención, como si no tuviera otra connotación que la reivindicativa autonómica, o estuviera controlado por alguna facción política. Cuando éste, entendido como sentimiento, individual y compartido, no es otra cosa que un guardián celoso de los valores leoneses, los valores del Pueblo Leonés.

No pude estar allí, en la concentración de Botines, por razones que no hacen al caso, y he perdido una ocasión para intentar evaluar la presencia física de los leonesistas concentrados para la ocasión, o, al menos, estudiar las individualidades o los colectivos movilizados desde el asociacionismo cultural leonés, que me hubieran permitido sacar alguna conclusión sobre el grado de leonesidad actuante.

Soy consciente de que no es fácil medir los sentimientos. Las palabras, siendo un vehículo o modo de expresión de ellos, pueden confundir con demasiada facilidad.

El leonesismo político está obligado a conectar con el movimiento social leonés, y leonesista, si es que pretende ser la verdadera voz política del pueblo. Pueblo Leonés naturalmente, del que estamos perdiendo poco a poco conciencia de pertenencia.

Dicho esto, conviene añadir que la fidelidad de los leonesistas está a salvo siempre que el comportamiento partidista no sea estrambótico. Cuestión aparte es la ciudadanía leonesa, en su más amplia generalidad, que llevando sobre su personalidad leonesa el peso de lo ideológico, sea progresista o conservador, desoye su propia voz leonesa; o quienes, más extrañamente, tienen asumido lo castellanoleonés que le venden sus compañeros ideológicos, siempre en detrimento de lo netamente leonés; aquí es donde se hace necesaria una actuación pertinaz predicando con el ejemplo de la puridad leonesista.

Si se tomaron doce uvas para la concordia leonesista, y en un más amplio concepto lo propiamente leonés, bienvenida sea esa necesaria armonía para iniciar el 2012... Y seguir.

Tribuna de Máximo Soto Calvo, publicada en Diario de León el 20-01-201. http://www.diariodeleon.es/